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AMOR

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Últimamente he recuperado con compulsión una de mis más antiguas aficiones; el cine. Reconozco que en los últimos tiempos me había “dado” con demasiada intensidad a las teleseries, (ya escribí sobre eso) entre otras cosas porque cada vez son mejores, porque me entretienen mientras hago gimnasia en mi casa, (sí, soy una atleta…), porque me ayudan a mejorar mi inglés ( las veo siempre en V.O. soy una hipster de manual…¡que no!) y sobre todo, porque, no nos engañemos ¿de qué hablar si no con los compañeros de trabajo? ¿o cómo rompes el hielo con alguien a quien te acaban de presentar?…nada mejor que hablar de la teleserie de turno…(porque el otro tema recurrente, el fútbol no es lo mío, también hablé de eso).

Así que, después de ver todas las series existentes, decepcionarme con los finales de muchas (no me hagáis hablar de True Blood, o Dexter…) y a la espera de los nuevos estrenos de temporada (no es fácil desengancharse…) he vuelto a mi pasión cinéfila semi abandonada, y paso horas en casa viendo sesiones continuas de películas que tenía en cola de visionado desde hace algún tiempo.

En una de esas sesiones frenéticas, cuán cliclo de autor de un buen cine fórum decidí dedicarle la noche a Haneke, un director excéntrico, extravagante, que hace un cine de mirada dura y nada distante, que es capaz de revolverte por dentro de forma desgarrada, tanto para bien como para mal. Sabe mostrar con una crudeza inusual y desde luego nada amable, al ser humano en todas sus vertientes, tal vez por eso sus películas duelan tanto, porque las percibes como reales, porque son reales, porque…somos capaces de todo eso, insisto, tanto para bien como para mal.

Una de las pocas veces en las que he estado a punto de salirme del cine, por lo insoportable de lo que me estaban mostrando, por el malestar que me generaba, por la repugnancia, por la angustia creada, fue precisamente en una de sus películas, en concreto “Funny Games”, (la primera versión) la historia en realidad, es una de tantas mil veces vista en el cine en torno a asesinos psicópatas, pero contada de una manera tan diferente, que la convertía en una historia nueva, que desde luego, no quería seguir viendo porque sentía que era real, que aquello era una snuff movie, y no unos actores interpretando un guión…decidí tacharlo de mi lista, y no volver a ver ninguna película suya.
Pero, a veces uno no cumple sus propósitos y caí en la tentación de su cine de nuevo, con una actitud muy a la defensiva y sin esperar mucho, a pesar de las buenas críticas que había leído de ambas películas. La primera “La cinta blanca”, me gustó cómo está narrada y rodada, y a pesar de ser lenta, larga y pausada, como casi todo su cine, logró convencerme, y dejó lugar para la reflexión y también para la inquietud. (Por mi mente pasó también aquella película de Chico Ibáñez Serrador “¿Quién puede matar a un niño?”).

Segunda película de la tarde “Amor”, que es en realidad el motivo de este texto, la historia realmente simple, una pareja de ancianos que llevan toda la vida juntos, y que de repente se ven inmersos en la enfermedad cruel y degenerativa de ella. Sólo puedo decir que tras ver la película me quedé un rato en silencio con el corazón encogido y una extraña sensación de tristeza y a la vez de paz. Nuevamente acababa de ver no a un grupo de actores, sino una vida, una escena real, una definición nada lacrimógena, pero clara y concisa de algo tan grande como el AMOR. Me dejó poso, y me hizo meditar y sentir, incluso me hizo creer.

Parece tan fácil decir te quiero, es tan sencillo el primer arranque de una historia, conocer a alguien, sentir pasión, deseo, enamoramiento…pero estamos tan equivocados si pensamos que eso es amor, el amor viene después, cuando superas esa fase, y la siguiente, y la siguiente, si es que llegas a superarlas, es como una especie de video juego donde vas pasando vidas y obstáculos que cada vez son mayores hasta llegar a esa prueba final.

Es tan difícil el amor, y a la vez tan simple, sí es sencillo verlo y captarlo cuando se muestra desnudo, sin ornamentos, sin esas falsas y absurdas supuestas historias de amor que se ven a menudo en el cine, que sólo distorsionan la realidad, que únicamente muestran en todo caso un momento efímero, pero ¿y el día después? ¿y el siguiente?…sin duda el cine ha hecho mucho daño, (¡tanta peli ñoña!, ¡tanta canción absurda…!) tal vez la edad, y la experiencia me hacen ver las cosas de una manera menos idealizada (que no apasionada) y más racional, pero para mí el AMOR, trata precisamente de lo que normalmente no se muestra, ni se dice, ni se cuenta, de ese día siguiente y el posterior, del que no necesita frases cursis, de ese al que le bastan sólo los pequeños gestos que lo dicen todo, del que no entiende cómo es posible la vida si no caminas a su lado, por eso me gusta tanto esta película que no necesita usar una frase o imagen pastelosa para mostrar algo tan grande.

Sin duda es una obra llena de verdad y de amor como bien indica su título, del verdadero, AMOR del MAYÚSCULO…para los que no creen en él y también para los que “suponen” que creen…

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